Experiencias personales de emprendedores: el videochat porno

Para una persona emprendedora, las ideas pueden ser inagotables, y una de las mayores dificultades con las que se encontrará será traducirlas en proyectos más o menos viables; comprenderéis que esa es una de las tareas más arduas con las que se encontrará, y por eso, nos alegra contar la experiencia de una de esas personas que supo pasar por todas las fases hasta hacer realidad su negocio.

María era una chica joven, estudiada, con dos carreras nada menos, pero que se acercaba a la treintena como una desempleada que alternaba períodos de subsidio con unos trabajos precarios sin especialidad ninguna. Desde su época de universitaria, había sido gogó de discoteca, camarera, dependienta, animadora infantil y hasta limpiadora por horas, y ninguno de estos trabajo se hacía definitivo, y, en realidad, tampoco es que ninguno era algo a lo que se quería dedicar toda su vida. Por eso, pensó que tenía que poner a trabajar su mente, pensar algo que de verdad valiera la pena,  y aprovechar para ello todo lo que estuviera a su alcance.

María tenía un pequeño complejo, y es que siempre había pertenecido a ese grupo de mujeres tetonas que no siempre ven como una ventaja eso de tener pechos grandes.  La verdad que hubo unos años en que lo pasó bastante mal, hasta que comprendió que en ocasiones podía ser una ventaja, pero aún así no terminaba de verle la ventaja a que los hombres se quedaran mirando por la calle su delantera, ni que no consiguiera que ninguno de ellos le hablara mirándola a los ojos. Un verdadero fastidio, la verdad… hasta ahora.

Porque aunque uno nunca piensa en el porno como una salida profesional, es un hecho que es un mercado sin explorar y en el que faltan nuevas y buenas y ideas, y eso es el paraíso para todo emprendedor que se precie. María estaba lo bastante desesperada como para echar mano de ese recurso, y aprovechar esa cámara web de su ordenador que nunca usaba y sumarla a los encantos que la naturaleza le había regalado, sus tetas grandes, aunque no lo hubiera visto hasta ahora. Hizo algunos contactos por internet, se encerró una tarde en su casa, y… voilá, se convirtió en una webcamer xxx.

Ahora tiene un negocio propio, un trabajo estable que le toma algunas horas al día de trabajo real, y otras cuantas para dedicarse al papeleo, a las tareas propias de su ocupación, al mantenimiento de su equipo de trabajo y a hacer publicidad de su canal de videochat porno. María está contenta, trabaja para ella misma, gana conforme a las horas que quiera dedicarle a la actividad, y tiene tiempo para divertirse con sus amigos sin preocuparse de dónde trabajará la próxima semana. Y es que, como ella, a veces es cuestión de aprovechar los recursos que tenemos al alcance de nuestra mano y usarlos de manera eficiente; no se puede decir que sea un camino fácil, pero para ningún emprendedor lo es, así que es importante tener la mente abierta, asumir riesgos y estar dispuesto a levantarse, por si acaso la cosa no acaba bien.

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